Mi experiencia con lo que en la UPV se ha llamado Docencia Híbrida

El curso pasado (Marzo-2020) tuve que impartir (de un día para otro) 4 asignaturas en formato online. Afortunadamente mis asignaturas (son de Máster) se parecen mucho entre sí. Así que pude testar en tiempo real cosas que funcionaban y no tanto, en un entorno donde todos estábamos en estado de shock (alumnos y profesores). La experiencia fue gratificante y agotadora. Tan gratificante como agotadora, a partes iguales.

Este año he tenido que sufrir lo que la UPV decidió llamar docencia híbrida. Que básicamente ha consistido en que los alumnos decidían si venían o no a clase en función de sus posibilidades/necesidades/limitaciones/miedos e inspiraciones. La UPV nos convirtió a todos de la noche a la mañana en productores y actores de un «live show». La experiencia ha sido agotadora y muy poco gratificante.

El formato online (retransmisión en vivo o en diferido) es un formato más o menos gratificante. El formato «live show» con público en las gradas que se ha esforzado por venir y público en el «éter» que no sabemos si está atendiendo o tendiendo es agotador y descorazonador.

A otros compañeros les parece que invade su intimidad o que les convierte en «show men and women» en lugar de en profesores.

A mí me ha agotado. Es horrible estar en clase tratando de atender a la tecnología al mismo tiempo que a las personas. Reventando los ritmos con preguntas al éter.

Y creo que a mi público también. A muchos alumnos les molesta haber hecho el esfuerzo de haber venido a clase y ver cómo el profesor dedica su tiempo a alguien que no está, ni se le espera.

En el «live show» dicen que al público le invitan a un bocata, nunca es el mismo y además va a ver a sus ídolos, y sobre todo sabe que va a ver «un programa de TV en directo».

No es el caso del alumno que va a clase. Y tampoco el del que se queda en casa.

Pero lo peor no es lo que sientan alumnos y profesores. Daría igual lo que siente si apre

Lo peor (desde mi punto de vista) es el «desenganche» de los alumnos en el estudio. Saber que tienes las clases «grabadas» y que las puedes ver «a doble velocidad» mientras te preparas un bocata permite aprovechar más el tiempo en lo que es realmente relevante.

El que ha hecho un curso online sabe lo fácil que es no seguir el ritmo de aprendizaje. Y eso que está el curso diseñado para atraparte. Desde mi punto de vista es un tema de hábitos pero también de herramientas que acaban desembocando en una falta de tensión.

Ir a clase exige «ponerse en camino», despejarse con el frío mañanero, pegarte unas risas con los alumnos, ritualizar la entrada a tiempo (o incluso la llegada con retraso), acompasar tiempos del grupo…

Todo eso en online se convierte en una pantalla compartida con el móvil o con el fortnite. Cierto que te permite escuchar la clase mientras te preparas la tostada o mientras conduces de vuelta al trabajo, pero dudo que permita «enganchar» al alumno igual.

Resumiendo aunque ciertamente me parezco a Berto Romero, estoy muy lejos de ser Andreu Buenafuente.